El método del resumen

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En su libro de «Writing for Dummies», Peter Economy y Randy Ingermanson mencionan que existen por lo menos cuatro tipos distintos de métodos para escribir una novela. Randy tiene el suyo, llamado «método del copo de nieve» (pueden checar su sitio, está en inglés, esencialmente consiste en planificar un poco y escribir un poco, dando forma a la novela gradualmente). Los otros tres son el «método de escribir la novela de una sentada» (lo cual realmente no es un método sino una tortura que sólo escritores experimentados pueden realizar), el «método de escribir y editar al vuelo» (que puede ser llamativo si tienes una idea precisa de la historia que estás escribiendo) y el «método del resumen» (que consiste en delinear claramente con anticipación de qué se va a tratar la novela, y una vez que cuentes con un buen resumen de unas cincuenta páginas o más, comenzar a escribirla).

Yo me decanto por este último método porque no tengo la disciplina necesaria para enfrascarme en el Snowflake de Ingermanson, y soy demasiado desesperada para los otros métodos. En cambio, soy perfectamente capaz de escribir una sinopsis larga de una novela, y de ir descubriendo y afinando detalles de los personajes y del escenario donde se desarrolla la historia. Escribir la novela es un asunto totalmente aparte, pero contar con un resumen o sinopsis larga ayuda tremendamente en la misma forma que un mapa ayuda a no perderse en un camino sinuoso y boscoso.

El libro es muy interesante, lo pueden conseguir en cualquiera de esas librerías online. Seguramente existen otros libros, pero ese fue el que conseguí yo. También no se olviden de visitar el sitio de Randy, hay consejos buenos a seguir.

Cuando todo se resquebraja

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Hace ya un poco más de seis meses que renuncié a mi comodísimo empleo en una empresa tecnológica de esas que fundaron Silicon Valley. Bueno, no era tan cómodo como lo hago sonar, porque de haberlo sido yo seguiría aún ahí.

La verdad es que no ha habido una semana desde que renuncié en que no me cuestione al menos un día si tomé una decisión sensata.

Irónicamente, no hay por lo menos un día de esa misma semana que no piense lo opuesto: que renunciar era la única decisión sensata.

Trabajé en esa empresa por cinco años, de los cuales el último año y medio fue terrible. Bueno, no todo ese año y medio. En realidad, sólo hubo un proyecto que fue el causante de mi colapso psicológico y emocional. Podría (o mejor dicho, lo haré) escribir la historia de cómo la depresión que había podido manejar y sobrellevar durante años se me vino encima al grado de incapacitarme para desempeñar mis labores al cien por ciento. Lo triste (pero real en el frío mundo de los corporativos) es que a nadie le importó acercarse a preguntarme qué tenía, ofrecerme una alternativa para seguir funcional y productiva para la empresa. Pero es que la propia empresa no tenía ya muchas alternativas, porque los malos manejos de los proyectos (bueno, específicamente de ese proyecto que fue la pesadilla que me hizo resquebrajarme) habían reducido mis opciones profesionales a una sola alternativa.

Se puede argumentar válidamente: ¿por qué no moverse a otra empresa cuando se tuvo la oportunidad?

Creo que la respuesta es compleja de articular, pero se puede resumir en una palabra: adición. No es fácil desacostumbrarse a percibir un sueldo jugoso y a tener un estilo de vida lleno de placeres inocuos y fugaces. La nula educación financiera que tenemos nos hace creer que el dinero es para gastarse tan pronto se recibe, y así fue que cuando mi cuerpo dijo «basta», mi situación financiera también era precaria. Cuando renuncié, comencé a ir a terapia sicológica, y eventualmente a retomar esto que tanta pasión me despertó en la adolescencia, y que me acompañó durante años hasta que lo dejé perder cuando consideré que mi única opción real (porque no creí que pudiera vivir de escribir, porque todo mundo te dice que no se puede vivir de escribir, lo cual socava tu confianza y mina tu autoestima) era dedicarme a programar en lenguaje C#.

No pretendo decir que hoy estoy bien. Hoy dependo de mis padres nuevamente, y pareciera que no hubiera servido de nada haber estudiado en una de las más prestigiosas universidades de mi país, haber trabajado en una de las profesiones más lucrativas, y haber ganado experiencia en una carrera que ahora me doy cuenta que sólo me habría llevado a la tumba. La realidad me sigue esperando. Agazapada, estoy consciente que tendré que confrontarla nuevamente muy pronto. Pero cada día que pasa, es un poco más brillante el sol que brilla en el cielo. Incluso en el de esta hipercontaminada ciudad con su nata de mierda gris parecida a la de Beijing.

Romper el bloqueo

Quiero advertir a quien por error termine leyendo este blog: no se trata de técnicas para romper el bloqueo de escritor. Lo he comenzado porque YO necesito un espacio para romper mi propio bloqueo, y recuerdo que hace muchos años, cuando era sorprendemente más prolífica y osada, contaba con un blog que me permitía expresar intereses e ideas que definitivamente nada tenían que ver con la ficción que quería escribir.

Por otro lado, quizá este sea un buen consejo para un escritor que se encuentre bloqueado: escriba. Lo que sea, pero escriba.

Un blog me parece un buen punto para romper el bloqueo porque realmente nadie me conoce (soy una escritora sin publicar, por lo cual no soy ni siquiera una autora), pero como a muchos seres humanos, me gusta pensar que a alguien le puede interesar leer lo que tengo que escribir. De otra forma, ni siquiera me tomaría la molestia y me dejaría sumir en el estupor de la vida diaria, ya fuera en la forma de una profunda depresión que me llevara al suicidio, o en la forma de una productiva vida laboral en un corporativo multinacional de propósitos siniestros.

Pero también es un blog para darme ese gusto de escribir lo que me gusta escribir.