S.E.

Son sus iniciales. S.E. No fue la primer mujer que me atrajo, pero sí fue la primera de la que me enamoré perdidamente.

Han pasado ya varios años desde la última vez que nos vimos. Ella jamás me iba a corresponder, pero yo la amaba. Así: la amaba. Pensándolo mejor, la amo todavía, aunque no guardo ninguna esperanza de ser correspondida. Ella me quiso porque fui su amiga durante sus años aciagos de transición del colegio a la vida real. Fui la persona que la escuchaba y que pasaba al teléfono horas mientras me relataba sus experiencias. Era curioso que al final de cada llamada siempre me decía «ay, otra vez no te dejé hablar».

Ella no entendía que para mí era un gozo el simplemente escucharla.

Pero llegó el día en que yo quería algo más que ser solo su amiga. Y cuando se lo dije, nuestra amistad se fracturó para siempre. Ella no me rechazó abiertamente, supongo que no quería romperme el corazón. Yo mentí, diciéndole que podíamos seguir siendo amigas.

Es mucho lo que puedo contar de ella. S.E. me tocó de una forma que desconozco si la podrá comprender algún día. Seguramente hoy sólo soy una persona difusa de su pasado distante. Cuando alguien se muda de un país y una realidad como ésta en que vivo, para residir en el mundo corporativo de los Estados Unidos, las raíces son solo una idea bonita, y el pasado es agua bajo el puente.

Pero hoy escribo un poco sobre ella porque la he soñado. Y soñar con ella, aunque me trae nostalgia, me ha hecho muy feliz. La razón es simple: a través de ella, la musa de la creación me visita.

Esta canción la evoca en mi pensamiento, de vez en vez.

Para ti, la terca, brillante, escandalosa, talentosa, sensible, querida S.E.

El método del resumen

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En su libro de «Writing for Dummies», Peter Economy y Randy Ingermanson mencionan que existen por lo menos cuatro tipos distintos de métodos para escribir una novela. Randy tiene el suyo, llamado «método del copo de nieve» (pueden checar su sitio, está en inglés, esencialmente consiste en planificar un poco y escribir un poco, dando forma a la novela gradualmente). Los otros tres son el «método de escribir la novela de una sentada» (lo cual realmente no es un método sino una tortura que sólo escritores experimentados pueden realizar), el «método de escribir y editar al vuelo» (que puede ser llamativo si tienes una idea precisa de la historia que estás escribiendo) y el «método del resumen» (que consiste en delinear claramente con anticipación de qué se va a tratar la novela, y una vez que cuentes con un buen resumen de unas cincuenta páginas o más, comenzar a escribirla).

Yo me decanto por este último método porque no tengo la disciplina necesaria para enfrascarme en el Snowflake de Ingermanson, y soy demasiado desesperada para los otros métodos. En cambio, soy perfectamente capaz de escribir una sinopsis larga de una novela, y de ir descubriendo y afinando detalles de los personajes y del escenario donde se desarrolla la historia. Escribir la novela es un asunto totalmente aparte, pero contar con un resumen o sinopsis larga ayuda tremendamente en la misma forma que un mapa ayuda a no perderse en un camino sinuoso y boscoso.

El libro es muy interesante, lo pueden conseguir en cualquiera de esas librerías online. Seguramente existen otros libros, pero ese fue el que conseguí yo. También no se olviden de visitar el sitio de Randy, hay consejos buenos a seguir.

IDAHOT 2016

Hoy 17 de mayo fue el Día Internacional contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia, IDAHOT por sus siglas en inglés. Se trata de un día de activismo cuyo propósito principal es dar visibilidad a un problema real que tiene sus raíces en una pedagogía pobre que induce en las personas la idea de que está bien hacer burla y agredir física o verbalmente a las personas que manifiestan una orientación sexual o identidad de género heteronormativas.

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Dicho de otra forma: que sólo se puede ser hombre heterosexual, o mujer heterosexual, y todo lo demás es raro, es enfermo, es mala influencia para las mentes de los niños, y debe ser relegado y ahuyentado de nuestras casas, y hasta ser criminalizado si es necesario.

Es muy díficil abarcar el tema con amplitud y rigor. Existen relatorías de la CIDH y la ONU que dan cuenta de las experiencias de los individuos del colectivo LGBTTIQ (uno de muchos términos, este en particular mi preferido por hacer la mayor inclusión posible de la diversidad sexual y de identidad de género de la especie humana, y que significa «Lésbico-Gay-Bisexual-Transgénero-Trasvesti-Intersexual-Queer») en muchas partes del mundo donde aún son sujetos de persecución y denostación por parte de la sociedad primeramente, y de los organismos gubernamentales en segunda instancia. La discriminación a las personas que forman parte de estos colectivos no solo resulta perniciosa por el mero atentado a sus derechos humanos, sino que coarta nuestras posibilidades como especie humana de liberarnos de concepciones y prejuicios que sólo detienen el despertar de nuestra consciencia. En alguna parte de la relatoría de la CIDH, se menciona que las personas tienen el derecho a elegir las condiciones que considere que mejor favorecen su existencia como seres humanos. Esto es un concepto radical, porque provenimos de una era en la cual se nos inculca que es pecado romper los esquemas sociales donde solo puede tolerarse una convivencia de pareja entre hombre y mujer, que es perverso un núcleo familiar donde haya dos hombres o dos mujeres como padres de familia, que no es natural transitar de género o de sexo, que es aberrante vestirse con ropas que sólo son de mujer (seguramente las primeras mujeres en usar pantalones han de haber sido vistas como trasvestis en su momento), y que no es posible la existencia de un sexo no binario, fuera de los dos sexos que hoy día se sigue creyendo que son los únicos posibles en el ser humano (la ciencia ha evidenciado, y la comunidad científica tenido que aceptar, que existe al menos un tercer género, si no es que un continuum de géneros entre lo femenino y lo masculino, llamado intersexo). En este contexto, que se reconozca, o se comience a elaborar un concepto que reconozca la aspiración y el derecho de un ser humano a transformar su realidad corporal, su realidad de género, su realidad familiar, y eventualmente su realidad social, es algo que puede llevarnos, como especie humana, a construir un mundo donde poco a poco la tolerancia vaya venciendo al odio, donde la aceptación vaya ganando terreno al desprecio, y donde en ningún hogar se rechace a un integrante de la familia por el solo hecho de ser él mismo.

Budismo, ateísmo, creencias… (parte 1)

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Gran tópico.

Como muchos en mi país, fui criada en la fe católica, y de verdad me la vendieron con todo y la extensión de dos años de la póliza de garantía. Hasta los dieciséis fui una católica practicante, y creía en todo lo que un católico ingenuo (el concepto no es oximoron, por más increíble que parezca) podía creer. ¡Hasta me confirmé por elección!

Pero cuando cumplí diecisiete, encontré temas irreconciliables entre la fe católica y los acontecimientos a mi alrededor. No podía concebir una fe que no reconociera el amor de mi hermana por un hombre divorciado; no podía concebir una fe que trataba a mujeres que abortaban como pecadoras; no podía concebir una fe que perdonaba, en cambio, a pederastas que habían abusado de la confianza e inocencia de un niño; finalmente, no podía concebir una fe que pensara que había algo malo en mi sólo porque me gustaban más las mujeres que los hombres.

Durante años me consideré agnóstica, pero arreligiosa era lo más atinado. Dios era un ser que existía, pero su poderosa Iglesia Católica era una aberración a su bondad infinita. Necesitaba aferrarme a la creencia de un Dios paternalista que me recibiera en sus brazos. En el fondo, lo que necesitaba era una profunda aceptación de mí misma. Pero a los diecisiete años no se le puede exigir a nadie que reconozca eso.

Pasaron unos diez años hasta que comencé a concebir un mundo sin Dios. Fueron los años en que coqueteé con el comunismo. El hombre era capaz de valerse por sí solo. El hombre era el que moldeaba su realidad. Dios no existía. Dios no podía haber muerto, porque nunca había nacido para comenzar.

Pero la mente humana, especialmente de la una persona inquisitva como la que me precio de ser, no se puede satisfacer con una visión monolítica del mundo. El nuevo ateísmo que asumí era menos virulento y más basado en los hechos duros de la realidad que la ciencia nos presentaba. Podía ser poético pensar en un Dios que hubiera dado comienzo a nuestro universo, pero creo que es más poético pensar en un multiverso compuesto de diez dimensiones, posibilidades que la física cuántica nos presenta hoy y que son tan bellas como en otro tiempo lo fueron los Salmos para el espíritu humano. No dudo que hay mucha gente que necesita creer en Dios para poder tener la misma fortaleza interior que de pronto encontré en el ateísmo.

Pero a recientes fechas, quizá sacudida por la depresión y la crisis personal que atravesé durante el final del 2015, me he sentido atraída a cosmovisión del budismo. De cierta forma no parece chocar con mis convicciones científicas, y no es hostil ni me exige creer en un Dios, porque no hay un Dios. De hecho, me lleva a concepciones más radicales de la existencia que antes sólo había leído sin realmente contemplar sus consecuencias: la simple idea de que todo cuanto percibimos es una construcción no distinta a la de un videojuego. Y que todo cuanto sentimos puede ser apaciguado con algo tan simple como una respiración disciplinada.

Quién sabe de qué estaré hablándoles mañana…

Cuando todo se resquebraja

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Hace ya un poco más de seis meses que renuncié a mi comodísimo empleo en una empresa tecnológica de esas que fundaron Silicon Valley. Bueno, no era tan cómodo como lo hago sonar, porque de haberlo sido yo seguiría aún ahí.

La verdad es que no ha habido una semana desde que renuncié en que no me cuestione al menos un día si tomé una decisión sensata.

Irónicamente, no hay por lo menos un día de esa misma semana que no piense lo opuesto: que renunciar era la única decisión sensata.

Trabajé en esa empresa por cinco años, de los cuales el último año y medio fue terrible. Bueno, no todo ese año y medio. En realidad, sólo hubo un proyecto que fue el causante de mi colapso psicológico y emocional. Podría (o mejor dicho, lo haré) escribir la historia de cómo la depresión que había podido manejar y sobrellevar durante años se me vino encima al grado de incapacitarme para desempeñar mis labores al cien por ciento. Lo triste (pero real en el frío mundo de los corporativos) es que a nadie le importó acercarse a preguntarme qué tenía, ofrecerme una alternativa para seguir funcional y productiva para la empresa. Pero es que la propia empresa no tenía ya muchas alternativas, porque los malos manejos de los proyectos (bueno, específicamente de ese proyecto que fue la pesadilla que me hizo resquebrajarme) habían reducido mis opciones profesionales a una sola alternativa.

Se puede argumentar válidamente: ¿por qué no moverse a otra empresa cuando se tuvo la oportunidad?

Creo que la respuesta es compleja de articular, pero se puede resumir en una palabra: adición. No es fácil desacostumbrarse a percibir un sueldo jugoso y a tener un estilo de vida lleno de placeres inocuos y fugaces. La nula educación financiera que tenemos nos hace creer que el dinero es para gastarse tan pronto se recibe, y así fue que cuando mi cuerpo dijo «basta», mi situación financiera también era precaria. Cuando renuncié, comencé a ir a terapia sicológica, y eventualmente a retomar esto que tanta pasión me despertó en la adolescencia, y que me acompañó durante años hasta que lo dejé perder cuando consideré que mi única opción real (porque no creí que pudiera vivir de escribir, porque todo mundo te dice que no se puede vivir de escribir, lo cual socava tu confianza y mina tu autoestima) era dedicarme a programar en lenguaje C#.

No pretendo decir que hoy estoy bien. Hoy dependo de mis padres nuevamente, y pareciera que no hubiera servido de nada haber estudiado en una de las más prestigiosas universidades de mi país, haber trabajado en una de las profesiones más lucrativas, y haber ganado experiencia en una carrera que ahora me doy cuenta que sólo me habría llevado a la tumba. La realidad me sigue esperando. Agazapada, estoy consciente que tendré que confrontarla nuevamente muy pronto. Pero cada día que pasa, es un poco más brillante el sol que brilla en el cielo. Incluso en el de esta hipercontaminada ciudad con su nata de mierda gris parecida a la de Beijing.

Romper el bloqueo

Quiero advertir a quien por error termine leyendo este blog: no se trata de técnicas para romper el bloqueo de escritor. Lo he comenzado porque YO necesito un espacio para romper mi propio bloqueo, y recuerdo que hace muchos años, cuando era sorprendemente más prolífica y osada, contaba con un blog que me permitía expresar intereses e ideas que definitivamente nada tenían que ver con la ficción que quería escribir.

Por otro lado, quizá este sea un buen consejo para un escritor que se encuentre bloqueado: escriba. Lo que sea, pero escriba.

Un blog me parece un buen punto para romper el bloqueo porque realmente nadie me conoce (soy una escritora sin publicar, por lo cual no soy ni siquiera una autora), pero como a muchos seres humanos, me gusta pensar que a alguien le puede interesar leer lo que tengo que escribir. De otra forma, ni siquiera me tomaría la molestia y me dejaría sumir en el estupor de la vida diaria, ya fuera en la forma de una profunda depresión que me llevara al suicidio, o en la forma de una productiva vida laboral en un corporativo multinacional de propósitos siniestros.

Pero también es un blog para darme ese gusto de escribir lo que me gusta escribir.